martes, 19 de enero de 2016

Saber es una cosa profundamente seria

ELSA LÓPEZ
Tomada de youtube.com

(Santa Isabel de Fernando Poó (Guinea Ecuatorial), 1943)


-Que te quiero.
Tú sabes que te quiero.
¿O no lo sabes?
Tú no lo sabes.
Tú lo crees, lo piensas, lo certificas incluso si hace falta, pero, saberlo, tú no lo sabes.
Saber es una cosa profundamente seria.
Hay que reposar el pecho, abandonar las luces que llenan los estantes, hacerse de uno mismo, de algodón por completo --cien por cien de algodón, amor mío--
y yo me temo
--creo--,
que no eres muy capaz de sentarte un momento a meditar conmigo el alcance algo grave de mi melancolía, y tu falta de tacto para asuntos de alcance.
***
HOY QUIERO REGRESAR

Hoy quiero regresar.
Tengo miedo al saber
que la higuera se va volviendo grana,
y al viejo nisperero le han crecido los gajos
hasta alcanzar la casa.
Hoy quiero regresar.
Cuando febrero se acerca, ya sin frío,
para recobrar aquel remolino de almendras
y tuneras.
Aquel olor salitre y miel de abeja
que se despeñaba, cuesta abajo,
por el camino de la ermita y los dragos.
Hoy quiero regresar
al muelle, las noraes, y la sirena de los barcos.
Regresar a ti,
al otro lado de los sueños,
por donde multiplicas
la ternura y los muertos.
***

Hay dolores que se agrupan de costado.
Hay dolores alegres de brillantes colores
que iluminan la casa y te inventan canciones.
Y hay dolores oscuros de incalculables formas
que se filtran de día en las aceras
y te impregnan de luto las alcobas.
El dolor que yo tengo tiene un nombre concreto.
Se llama como tú y a ti se te parece.
Tiene tus mismos rasgos, tus mismas cicatrices,
tu manera invencible de rasgarme la herida
y dejarme las tardes y el domingo perdidos.

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char