martes, 16 de febrero de 2016

Dos poetas que podrían ser una

Li Chi’ing Chao

(China, 1081-1140) Dinastía Song

NIEBLA 

En mi estrecho cuarto, arrojo
Amplia la ventana, y dejo entrar
La profunda lascivia
De la primavera. Sombras confusas
Aletean en las cortinas semicerradas.
Escondida en el pabellón, sin palabras,
Froto el arpa rosa jade.
Muy lejos un peñasco rocoso
Cae desde una montaña en el
Alba temprana. Una brisa suave
Sopla la niebla como una sombra
A través de mi cortina. Ah brillantes vainas
Del pimiento, no necesitan
Ustedes inclinarse y rogar perdón.
Yo sé que no pueden retener
El día que pasa.
***
Sobre la música 'Canto lánguido'

Busco y busco,
sola, siempre sola,
triste, siempre triste.
Es la estación templada a veces, a ratos fría,
la más difícil de sufrir.
Dos o tres copas de vino suave
no bastan para enfrentar el agrio viento de la noche.
Pasan las ocas salvajes, hiriendo mi corazón.
Hace largo tiempo que las veo pasar.
Cubren el suelo los crisantemos
deshojados. ¿Quién los recogerá?
Sola, detrás de mis ventanas,
el día me parece interminable.
La fina lluvia sobre las hojas del plátano,
cae gota a gota en el crepúsculo.
¿Es que todo esto puede contenerlo la palabra 'pena'?
***
Dos Primaveras

La primavera ha llegado al desfiladero,
una vez más la nueva hierba está
verde como el martín pescador.
Los rosados brotes de los pérsicos
son aún bolitas sin abrir.
Las nubes son de un jade blanco como la
leche con bordes y motas de jade verde.
No se levanta el polvo.
En un sueño demasiado fácil de
interpretar ya he vaciado y
roto la copa de la Primavera.
Las sombras de las flores se recortan
con nitidez en los
traslúcidos visillos.
La luna llena y transparente se
alza en el ocaso anaranjado.
Tres veces en dos años mi
Señor se ha ido al Este.
Hoy vuelve y mi gozo es ya
mayor que la Primavera.

Versión de Kennet Rexroth (traducción de Carlos Manzano), 2001.
***
Li Ch´ing-Chao
Li Qingzhao
(Shandong, China, 1084-1151) 

Se disipa el aroma del loto rojo.
La estera, fría, huele a otoño.
Abro mi vestido y, sola, salto en la barca.
¿Quién me envía un mensaje, allá entre las nubes?

Una escuadra de patos salvajes
traza en el cielo signo ilegibles.

La luna inunda la torre del oeste.
Han de caer los pétalos,
ha de correr el agua infatigable.
Dos soledades: un mismo sentimiento
nos une y nos separa.

Quisiera no pensar en todo esto y es inútil:
mi cabeza vacía, mi corazón henchido.

Traducción de Pilar González España
**
Otra versión de
Los lotos han perdido su olor

Los lotos han perdido su olor,
la estera se enfría,
mi vestido de seda se afloja,
sola subo al bote.
¿Quién envía un mensaje a
través de las nubes?
El ganso salvaje regresa volando en grupos;
la luz de la luna inunda la
cámara oeste;
las flores decaen y te ríos crecen.
Nos amamos desde diversos y
distantes lugares.
Mi dolor no termina:
cuando abandona la frente
vuelve para atormentar el corazón.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char