domingo, 5 de junio de 2016

Y sólo tiene treinta y uno

T.S. Eliot

(St. Louis, EE.UU., 1888-Londres, Inglaterra, 1965)


II - Una partida de ajedrez

La Silla en que estaba sentada, como un bruñido trono
se reflejaba en el mármol, donde el espejo
sostenido por columnas labradas con pámpanos y racimos
entre los que un dorado Cupido atisbaba
(otro escondía sus ojos detrás del ala)
duplicaba las llamas de candelabros se siete brazos
arrojando luz sobre la mesa mientras
el centelleo de sus joyas, derramándose en rica profusión
desde estuches de raso, subía a su encuentro;
en frascos de marfil y cristal coloreado
abiertos, acechaban sus extraños perfumes sintéticos,
en ungüento, en polvo, o liquido, turbaban, confundían
y ahogaban los sentidos en fragancias; agitados por el aire
que se renovaba desde la ventana, ascendían
engrosando las alargadas llamas de las velas,
lanzando su humo hacia la laquearia,
agitando el dibujo del artesonado.
Enormes leños de un naufragio tachonados de cobre
ardían en verde y naranja, enmarcados por la piedra coloreada,
en cuya triste luz nadaba un delfín cincelado.
Sobre el antiguo manto de la chimenea se exponía
como si una ventana diera sobre la selvática escena,
la metamorfosis de Fiomela, por el bárbaro rey
tan rudamente forzada; sin embargo allí el ruiseñor
henchía todo el desierto con inviolable voz
y ella seguía gimiendo, y el mundo siguen aun,
"yag yag" a sucios oídos.
Y otros ajados muñones de tiempo
se narraban en las paredes; formas atónitas
asomaban, inclinándose, silenciando el cuarto cerrado.
Por la escalera se arrastraban pasos.
A la luz del fuego, bajo el cepillo, sus cabellos
se abrían en puntas de fuego
encendidos en palabras, luego se aquietaron en feroz calma.
"Estoy mal de los nervios esta noche. Sí, mal. Quédate conmigo.
Háblame. ¿Por qué no hablas nunca? Habla.
¿En qué piensas? ¿Qué piensas? ¿Qué?
Nunca sé en que piensas. Piensa."
Pienso que estamos en el callejón de las ratas
donde los muertos perdieron sus huesos.
"¿Qué ruido es ése?"
El viento bajo la puerta.
"Qué ruido es ése ahora? ¿Qué hace el viento?
Nada, otra vez nada.
"¿No sabes nada? ¿No ves nada? ¿No recuerdas
nada?"
Recuerdo
Perlas son éstas que fueron sus ojos.
"¿Estás vivo, o no? ¿No tienes nada en la cabeza?"
Pero
Oh Oh Oh Oh ese Shakespeherian Rag…
Es tan elegante
Tan inteligente
"¿Qué haré ahora? ¿Qué haré?
Saldré como estoy, y me pasearé por la calle
Con el pelo suelto, así. ¿Qué haremos mañana?
¿Qué haremos nunca?"
El agua caliente a las diez.
Y si llueve, un coche cerrado a las cuatro.
Y jugaremos una partida de ajedrez,
apretando ojos sin párpados y esperando un golpe en la puerta.
Cuando el marido de Lil fue desmovilizado, dije...
Sin medir palabras, yo misma se lo dije a ella,
APURENSE POR FAVOR QUE CERRAMOS
ahora que Albert vuelve, procura estar un poco a la moda.
Querrá saber qué has hecho con ese dinero que te dio
para ponerte algunos dientes. Te lo dio, yo estaba allí.
Sácatelos todos, Lil, hazte una linda dentadura,
te dijo, lo juro, no soporto verte así.
Ni yo tampoco, dije, y piensa en el pobre Albert
ha estado cuatro años en el ejército, necesita diversión,
y si no se la das tú, otras lo harán, le dije.
Oh, ¿es eso?, dijo ella. Algo así, le dije.
Entonces sabré a quién agradecérselo, dijo ella, y me miró fijo.
APURENSE POR FAVOR QUE CERRAMOS
Si no te convence haz como quieras, le dije.
Otras pueden elegir si tú no puedes.
Pero si Albert se larga no será porque no te lo avisaron.
Deberías avergonzarte, le dije, de parecer una anticuada.
(Y sólo tiene treinta y uno)
No puedo remediarlo, dijo ella, poniendo cara larga,
con esas píldoras que tomé para abortar.
(Ya con cinco, y casi muere a causa del pequeño George.)
El farmacéutico dijo que todo andaría bien, pero no fui más la misma.
Eres una gran tonta, le dije.
Bueno, si Albert no te deja tranquila, es tu problema, le dije,
¿por qué te casaste si no quieres hijos?
APURENSE POR FAVOR QUE CERRAMOS
Bueno, ese domingo Albert ya estaba en casa, y tenían
Jamón ahumado caliente,
Y me invitaron a cenar, para que apreciara qué belleza el
Jamón caliente...
APURENSE POR FAVOR QUE CERRAMOS
APURENSE POR FAVOR QUE CERRAMOS
...asnoches Bill. ...asnoches Lou. …asnoches May. …asnoches.
Gracias gracias. …asnoches. ...asnoches.
Buenas noches, señoras, buenas noches, dulces señoras,
buenas noches, buenas noches.

(Versión de Alberto Girri)
**
II. A Game of Chess

The Chair she sat in, like a burnished throne,  
Glowed on the marble, where the glass  
Held up by standards wrought with fruited vines  
From which a golden Cupidon peeped out   
(Another hid his eyes behind his wing)  
Doubled the flames of sevenbranched candelabra  
Reflecting light upon the table as  
The glitter of her jewels rose to meet it,  
From satin cases poured in rich profusion;   
In vials of ivory and coloured glass  
Unstoppered, lurked her strange synthetic perfumes,  
Unguent, powdered, or liquid—troubled, confused  
And drowned the sense in odours; stirred by the air  
That freshened from the window, these ascended   
In fattening the prolonged candle-flames,  
Flung their smoke into the laquearia,  
Stirring the pattern on the coffered ceiling.  
Huge sea-wood fed with copper  
Burned green and orange, framed by the coloured stone,   
In which sad light a carvèd dolphin swam.  
Above the antique mantel was displayed  
As though a window gave upon the sylvan scene  
The change of Philomel, by the barbarous king  
So rudely forced; yet there the nightingale  
Filled all the desert with inviolable voice  
And still she cried, and still the world pursues,  
“Jug Jug” to dirty ears.  
And other withered stumps of time  
Were told upon the walls; staring forms  
Leaned out, leaning, hushing the room enclosed.  
Footsteps shuffled on the stair,  
Under the firelight, under the brush, her hair  
Spread out in fiery points  
Glowed into words, then would be savagely still.  

“My nerves are bad to-night. Yes, bad. Stay with me.  
Speak to me. Why do you never speak? Speak.  
What are you thinking of? What thinking? What?  
I never know what you are thinking. Think.” 

I think we are in rats’ alley  
Where the dead men lost their bones. 

“What is that noise?”  
                      The wind under the door.  
“What is that noise now? What is the wind doing?”  
                      Nothing again nothing.  
                                              “Do  
You know nothing? Do you see nothing? Do you remember  
Nothing?”  
        I remember  
                Those are pearls that were his eyes.  
“Are you alive, or not? Is there nothing in your head?”  
                                                         But  
O O O O that Shakespeherian Rag—  
It’s so elegant  
So intelligent  

“What shall I do now? What shall I do?  
I shall rush out as I am, and walk the street  
With my hair down, so. What shall we do to-morrow?  
What shall we ever do?” 
                          The hot water at ten.  
And if it rains, a closed car at four.  
And we shall play a game of chess,  
Pressing lidless eyes and waiting for a knock upon the door. 

When Lil’s husband got demobbed, I said,  
I didn’t mince my words, I said to her myself,  
HURRY UP PLEASE ITS TIME  
Now Albert’s coming back, make yourself a bit smart.  
He’ll want to know what you done with that money he gave you  
To get yourself some teeth. He did, I was there.  
You have them all out, Lil, and get a nice set, 
He said, I swear, I can’t bear to look at you.  
And no more can’t I, I said, and think of poor Albert,  
He’s been in the army four years, he wants a good time,  
And if you don’t give it him, there’s others will, I said.  
Oh is there, she said. Something o’ that, I said.  
Then I’ll know who to thank, she said, and give me a straight look.  
HURRY UP PLEASE ITS TIME  
If you don’t like it you can get on with it, I said,  
Others can pick and choose if you can’t.  
But if Albert makes off, it won’t be for lack of telling.  
You ought to be ashamed, I said, to look so antique.  
(And her only thirty-one.)  
I can’t help it, she said, pulling a long face,  
It’s them pills I took, to bring it off, she said.  
(She’s had five already, and nearly died of young George.)  
The chemist said it would be alright, but I’ve never been the same.  
You are a proper fool, I said.  
Well, if Albert won’t leave you alone, there it is, I said,  
What you get married for if you don’t want children?  
HURRY UP PLEASE ITS TIME  
Well, that Sunday Albert was home, they had a hot gammon,  
And they asked me in to dinner, to get the beauty of it hot—  
HURRY UP PLEASE ITS TIME  
HURRY UP PLEASE ITS TIME  
Goonight Bill. Goonight Lou. Goonight May. Goonight.  
Ta ta. Goonight. Goonight.  
Good night, ladies, good night, sweet ladies, good night, good night. 

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char