miércoles, 26 de octubre de 2016

Un pequeño pedazo de ese cielo sangra

FRANCISCO MADARIAGA 
(Corrientes, Argentina, 1927-Buenos Aires, 2002)


Planeta azul
a mi hijo Lucio

¡La redonda e invisible jornada mía por la
eternidad!
El planeta azul gira y tiene a la muerte como
reina del todo.
No provocar a la reina de infierno.
¡Póngale un santo, amigo, a su bandido!
La fuerza de la estrella del corazón sea tomada
de la mano:
ella es salvaje caridad de agua de cielo
que ha bajado con los vientos de la infinitud,
y un pequeño pedazo de ese cielo sangra y se
enciende con un sueño terrestre.
**

Elmargarzareal

Cualquier cosa…
con tal de barrer de la memoria
el mono errado de la muerte.

Yo no tengo País,
tengo isletas voladas por el agua.
Siempre he sostenido un placer de confesión
violento en el honor de mi memoria.

Islas de patos amarillos
para las mujeres más niñas de la voluntad,
mi sol, mi sol, mi sol,
he resuelto seguir hablando,
seguir bebiendo los juncales de los terrores de la suerte.
**
Canciones en un viaje a caballo

1
Los caballos nacen para amar secretamente como
las madrugadas.

2
Los caballeros viajan con ponchos de cueros de
ciervos celestes manchados de sangre.

3
Un dolor como el trino de un pájaro de agua,
perdido en la infinitud.

4
El amor de un guerrero cuya lanza tiene el acero
del agua.

5
El terror de los paisajes que se hundieron con
los tesoros del Diablo.

6
Hay cierta agua de oro en la infinitud:
solo la conocieron Jesucristo y Rimbaud.

7
Conservar siempre una tinaja con esa agua.

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char