miércoles, 15 de marzo de 2017

Con los ojos abiertos en la oscuridad

Mirta Rosenberg 
(Rosario, Santa Fe, Argentina, 1951)

"Siempre me imaginé la poesía como un territorio / mejor aun, una isla. / Es como si fuese una reserva / a donde todos podríamos recurrir / cuando haya escasez de sentimiento en el mundo / e incluso de pensamiento."
M.R.
                                                                     **
Utilidad de la poesía a las tres de la mañana

Con los ojos abiertos en la oscuridad
pienso rimas: de silencio 
todo lo que reverencio; 
de naturaleza su delicadeza
o su fortaleza, aunque nada
me da.
**
Traducir poesía
es una tarea de poetas,
difícil pero posible. Traducir poesía es necesario
para leer a Homero si uno no sabe griego
o a Dante cuando se ignora el italiano.
Traducir poesía es
imprescindible
para darle aire a la poesía en nuestra lengua, ahorrarle tiempo,
dejarle elegir
su camino en la poesía universal, inventar. El traductor, protegido
como está
por San Jerónimo de Estridón, e igualmente expuesto
a la misma fricción con la lengua que es el centro de su labor,
busca una tregua entre lo que el otro dijo y lo que digo yo.


De Cuaderno de oficio. Bajo la luna. Buenos Aires. 2016.
***
Entrevista, por Mauro Libertella
(Fuente: clarin.com)

–Nunca estuvo en las peleas internas de la poesía, que suelen ser terribles.
–No, nunca. Y tampoco fui objetivista ni neobarroca, ni nada. Sigue sin interesarme. Sí me interesa la buena poesía, sea de la tendencia que fuere.
Durante años integró el Diario de Poesía, un lugar de grandes debates.
–No eran tan fuertes los debates. Ocupó, eso sí, un lugar muy importante. Está en la historia de la literatura argentina. No hubo otra cosa como esa. Hubo algunos líos, pero no eran para tanto. En el Diario yo me ocupé mucho de la parte de traducciones, para liberarme de esas disputas y peleas internas que mencionabas, que nunca me interesaron.
–¿Qué le aporta la traducción a una poeta como usted?
–Traducir te abre la cabeza. Te saca de la idea de que hay que escribir una sola cosa. Además, yo soy de la opinión que puede haber más de una buena traducción de algo. Lo que sí: yo no me pondría a traducir los cuatro cuartetos de T. S. Eliot porque no le voy a ganar a Juan Rodolfo Wilcock. Ya lo sé. Y no le voy a aportar nada a esa traducción.
–Siempre se dice que Borges llevaba las traducciones a su propio estilo, ¿usted qué opina?
–Está bien. Yo no lo hago, pero Borges lo hacía a propósito. Por ejemplo, en Las palmeras salvajes (de William Faulkner) hay, sobre un alambrado, un carancho. Y en Estados Unidos no hay caranchos. El lo hacía ex profeso. Son operaciones culturales. Yo no me hubiera animado –en ese caso– a poner un carancho. O quizás a mí no me hubiera parecido necesario hacer eso; a él sí, era otra época. A mí lo que me interesa que se note es que es una traducción. Borges además tenía esa idea de que como nosotros somos un país periférico, disponemos de toda la literatura universal para hacer lo que queremos con ella.
–En algún texto habla de la poesía como un reservorio de emociones. ¿A qué se refiere?
–Yo digo que la poesía es como si fuera una gran reserva. Está la reserva donde siguen existiendo ciertas especies de plantas y de animales, por ejemplo, y en la reserva de la poesía siguen existiendo los sentimientos. Cuando hay barbaridades, cuando hay guerra, cuando hay aniquilación, la poesía ayuda a la gente, procura consolarlos de lo inconsolable. Estoy segura de eso. Si a todo el mundo le llueve derecho, la poesía no sirve. El cariño por tu hija cuando vos vivís bien es uno. Pero el valor de tu amor por tu hija cuando hay una guerra cambia, y eso está en la poesía.
–A principios de los noventa usted fundó la editorial Bajo la Luna, que ahora sigue a cargo de su hijo. ¿Fue difícil armarla?
–Mi hijo dice: “Mi mamá fundó una editorial y después la fundió”. Es exactamente así. Yo no tenía idea de como llevar la parte más dura, la de la comercialización. Sabía que había cosas que tenía que publicar, pero no es suficiente para una editorial.
–¿Está escribiendo actualmente?
–Estoy escribiendo algo que se llama Cuaderno de oficio y es eso: hablar de cuál es mi oficio. Estoy contenta con eso. Son poemas, prosas, cuadernos. Sobre la práctica y cosas que a mí me interesan. Por ejemplo, tengo dos retratos de mujeres artistas. Se llama Cuaderno de oficio por eso: qué cosas se me ocurren a mí, con las herramientas que dispongo, para pensar la poesía.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char