miércoles, 8 de febrero de 2012

El futuro no es nunca

Max Aub Mohrenwitz 
(París, Francia, 1903-Ciudad de México, México, 1972)

Tu seno,
-guindas, rosas y armiño-
en mi mano pleno,
"eso no, eso no"
me miraste.

Tu cabeza en mi hombro,
¿has dormido?
¿has fingido?

De Poemas cotidianos, 1925
***
Minicuento "Hablaba y hablaba..."

Hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba, y hablaba. Y venga hablar. Yo soy una mujer de mi casa. Pero aquella criada gorda no hacía más que hablar, y hablar, y hablar. Estuviera yo donde estuviera, venía y empezaba a hablar. Hablaba de todo y de cualquier cosa, lo mismo le daba. ¿Despedirla por eso? Hubiera tenido que pagarle sus tres meses. Además hubiese sido muy capaz de echarme mal de ojo. Hasta en el baño: que si esto, que si aquello, que si lo de más allá. Le metí la toalla en la boca para que se callara. No murió de eso, sino de no hablar: se le reventaron las palabras por dentro.
 ***
De Yo vivo 
Fragmento: "De la playa y sus placeres" 

Desmenuza entre su pulgar y su corazón la finísima tierra estéril. Cada partícula de cuarzo tiene su vida interior, cada minúsculo resto de roca piensa tal vez que lo que le rodea es suyo. Es posible que cada grano de arena se figure ser la playa entera. La playa, el mundo. La playa es como es y no de otra manera, ahora, en este momento, en este preciso momento. El futuro no es nunca.
El futuro es la distancia que media entre el tercer trampolín y la superficie del mar cuando me tiro de cabeza. El mundo es como es y no de otra manera: azul, verde, siena, tostado en otoño, desnudo en invierno, caliente y frío, húmedo y seco, y lleno de olores: vivo. El espíritu da saltos, como un delfín, cosiendo el mar azul al cielo azul.
Vivo, luego soy. Lo que no vive está ahí, puesto. Todo vive. (...) El pensar forma parte del vivir. Se piensa porque se vive. Lugares comunes.
***
La uña


El cementerio está cerca. La uña del meñique derecho de Pedro Pérez, enterrado ayer, empezó a crecer tan pronto como colocaron la losa. Como el féretro era de mala calidad (pidieron el ataúd más barato) la garfa no tuvo dificultad para despuntar deslizándose hacia la pared de la casa. Allí serpenteó hasta la ventana del dormitorio, se metió entre el montante y la peana, resbaló por el suelo escondiéndose tras la cómoda hasta el recodo de la pared para seguir tras la mesilla de noche y subir por la orilla del cabecero de la cama. Casi de un salto atravesó la garganta de Lucía, que ni ¡ay! dijo, para tirarse hacia la de Miguel, traspasándola.
Fue lo menos que pudo hacer el difunto: también es cuerno la uña.
***
Sobre El juego de cartas

El "Juego de Cartas" de Max Aub es una doble baraja compuesta por 106 naipes, ilustrada por el pintor apócrifo Jusep Torres Campalans, protagonista de una de las bromas más sonadas de la literatura española. Cada uno de ellos corresponde, al mismo tiempo, a cada uno de los valores de las barajas francesa y española. Al dorso de los 106 naipes Max Aub escribe 106 brevísimas epístolas (cartas) firmadas y dirigidas por y a personajes ficticios. El contenido de esta correspondencia múltiple gira alrededor de la muerte de Máximo Ballesteros, personaje también ficiticio del que intercambian pareceres y especulaciones su viuda, sus múltiples amigos, amantes, parientes, enemigos y chismosos de toda realea.

Max Aub adjunta las instrucciones del juego y en ellas indica las reglas y el objetivo: descubrir quién fue el misterioso Ballesteros. Por supuesto, las instrucciones y la meta final de la timba son un mero pretexto, una forma singular y divertida a partir de la cual Aub organiza un extraordinario entramado narrativo, un juego novelado infinito en el que nada es lo que parece. Cada carta que uno lee contradice a la anterior, y la siguiente la confirma, y la próxima abre una nueva vía, y así el juego de epístolas deviene un crucigrama de historias entrecruzadas que se complementan o discurren paralelas en un mismo plano para ofrecernos la imagen resultante del reflejo de la luz en un prisma.

De modo que, en realidad, por el modo de explicar el cómo vivió y murió el finado, lo único que podemos hacer es llegar a intuir, sin albergar demasiadas garantías, la manera de ser de las personas que le conocieron, o no, aunque hablasen de él. De ahí que el "Juego de Cartas" de Max Aub sea una historia infinita, casi un centenar de historias que nacen de un pretendido suicidio, un envenenamiento, o una trombosis sin que nadie, ni siquiera el propio autor, sepa cómo van a discurrir y mucho menos cómo terminarán.

Reglas del Juego que permitiesen formalizarlo:

Se baraja, corta, reparte una carta a cada persona que toma parte en el juego. La primera, a la derecha del que dio, lee su texto, luego, el siguiente, hasta el último. Después, el primero saca una carta del monte formado por las que quedaron, la lee, y así los demás sucesivamente, hasta acabar con los naipes.

Puede variarse el juego dando, desde el principio, dos o tres cartas, a gusto de los jugadores, con la seguridad de que el resultado será siempre diferente.

Es juego de entretenimiento; las apuestas no son de rigor.

Permite, además, toda clase de solitarios.

Gana el que adivine quién fue Máximo Ballesteros.


Para leer algunas de estas cartas, ver aquí 

2 comentarios:

l. dijo...

que belleza.. saludos

Irene Gruss dijo...

Gracias, I; Irene

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char