jueves, 1 de enero de 2015

Un día finalmente supiste...

MARY OLIVER

(EE.UU., 1935- )

El viaje
(Dos versiones)

Un día finalmente supiste
lo que debías hacer, y comenzaste,
aunque las voces a tu alrededor
continuaban gritando
su mal consejo,
aunque la casa entera
comenzó a temblar
y sentiste el viejo tirón
en tus tobillos.
“Enmienda mi vida"
cada voz gritó.
Pero no te detuviste.
Supiste lo que tenías que hacer,
aunque el viento acechó
con sus dedos ateridos
los mismos cimientos,
aunque su melancolía
era terrible.
Ya era tarde
suficientemente, y una noche salvaje
y el camino repleto de caídas
piedras y ramas.
Pero poco a poco,
en tanto dejabas sus voces atrás,
las estrellas comenzaron a arder
a través de láminas de nubes,
y hubo una nueva voz
que lentamente
reconociste como tuya,
que te hizo compañía
mientras cruzabas a zancadas
más y más profundamente
el mundo,
determinada a hacer
la única cosa que podías hacer,
determinada a salvar
la única vida que podías salvar.

Traducción de Irene Ocampo
**
Otra versión
EL VIAJE

Un día supiste por fin
lo que tenías que hacer, y empezaste,
aunque a tu alrededor las voces
seguían gritando
sus malos consejos ---
aunque toda la casa
empezó a temblar
y sentiste el antiguo tirón
en los tobillos.
“¡Arreglame la vida!”
gritaba cada voz.
Pero no paraste.

Sabías lo que tenías que hacer,
aunque el viento hurgaba
con sus dedos rígidos
en las bases mismas ---
aunque su melancolía
fuese terrible. Ya era bastante
tarde, y una noche salvaje,
y la calle llena de ramas
caídas y de piedras.

Pero de a poco,
mientras dejabas las voces atrás,
las estrellas empezaron a arder
entre las sábanas de nubes,
y había una voz nueva,
que lentamente
reconociste como tu propia voz,
que te acompañaba
mientras te adentrabas más y más
en el mundo,
decidida a hacer
lo único que podías hacer –decidida a salvar
la única vida que podías salvar.

Traducción de Sandra Toro
*
The Journey

One day you finally knew
what you had to do, and began,
though the voices around you
kept shouting
their bad advice –
though the whole house
began to tremble
and you felt the old tug
at your ankles.
"Mend my life!"
each voice cried.
But you didn't stop.
You knew what you had to do,
though the wind pried
with its stiff fingers
at the very foundations –
though their melancholy
was terrible.
It was already late
enough, and a wild night,
and the road full of fallen
branches and stones.
But little by little,
as you left their voices behind,
the stars began to burn
through the sheets of clouds,
and there was a new voice,
which you slowly
recognized as your own,
that kept you company
as you strode deeper and deeper
into the world,
determined to do
the only thing you could do –
determined to save
the only life you could save.

De Dream work/Trabajo soñado, 1986.

1 comentario:

Colombo Maria dijo...

Gracias por este poema. Es así tal cual

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char