lunes, 23 de noviembre de 2015

Agua áspera de restos

Judith Filc

(Buenos Aires, Argentina, 1962. Reside en EE.UU.)

Baldío

Construyeron las montañas con la pulpa reblandecida de los
cimientos.

Los vidrios (el viento había arrancado de cuajo las ventanas),
convertidos a piedrazos en dragones de cinco
cabezas.

La puerta desgajada para el puente levadizo.

Con las chapas fabricaron la muralla. Con los marcos de las
ventanas
guerreros
agazapados esperando el
enemigo.
***
Pulsión

Cuando me terminé de
dar vuelta lo vi

desnucado

quieto

nos la tenían jurada

Me siento junto a la
ventana

corro la
cortina

el sol se te
clava en los
ojos y del
otro lado del
vidrio
no hay

nada

Todos los que se
van
vuelven

El calor invade el
cuarto
brillante de

luz

Los flashes pueden
venir en
cualquier
momento

lo ves al
Pájaro agacharse se está atando el
cordón de la
zapatilla nike
blanca

De repente como si
tropezara se
cae de
bruces contra el
barro

Me mando
enfierrado hasta las
manos y te
veo

amanecido

caminando entre el
pasto verde con un
porro en la
mano
buscando mi
nombre

Inclinarse por la
ventana
abierta hacia la
luz

asir ese momento
único en el que
sucede
todo
**
Vals  
  
Altas ventanas reciben el   
sol de la   
mañana que   
proyecta  
  
sombras   
  
en las paredes  
descascaradas  
  
Al otro lado de la   
sala   
las escaleras dan a un  
corredor   
bordeado de   
puertas  
  
Las valijas están en el   
último  
cuarto  
  
amontonadas en   
desorden  
  
gastadas  
  
No es la primera   
vez  
Siempre elegís la   
misma  
  
El cuero   
suave   
resiste  
ileso  
  
Tus dedos   
rozan   
apenas las   
hebillas  
  
Sabés qué vas a   
encontrar:  
  
el costurero  
  
el camisón   
(tus dedos   
acarician la  
seda)  
  
el frasco de   
perfume  
  
las flores de   
tela que ocultan la  
pistola de   
juguete  
El dedo en el   
gatillo  
contra tu   
sien  
  
Los discos de   
pasta  
  
El diario: "Italia se rinde"  
  
La caja de   
agujas (la botellita   
todavía casi   
llena)  
  
Música   
invade el   
cuarto   
  
Ella baila en su   
camisón de  
seda con los ojos  
cerrados   
  
Ponés la   
mano en su  
cintura y   
girás con el   
sol en los  
ojos  
 ***
Reparación

Sentís el suelo
blanco y
aterciopelado
enredarse entre los
dedos

ascender por las

piernas
enroscarse
en la

cintura

Te agachás
con cuidado
buscando
entre el
agua
áspera de

restos

las lesiones hacen que retuerza los
brazos formando nudos. Los brazos
se arrastran en
direcciones opuestas hasta
desprenderse

Recogés cada
uno con la
punta de los

dedos

(Encontrar el
lugar
que los 
espera) 
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char