domingo, 22 de noviembre de 2015

Quienquiera que seas, también nosotros yacemos náufragos a tus pies

WALT WHITMAN  
(EE.UU., 1819-1892) 

Walt Whitman by Cigar Labels

Lo que soy después de todo

¿Qué soy, después de todo, más que un niño complacido con el sonido de mi propio nombre? Lo repito una y otra vez,
Me aparto para oírlo -y jamás me canso de escucharlo.

También para ti tu nombre:
¿Pensaste que en tu nombre no había otra
cosa que más de dos o tres inflexiones?
***
He oído lo que decían los charlatanes… 

He oído lo que decían los charlatanes sobre el principio y el fin, 
Pero yo no hablo del principio y del fin. 

Jamás hubo otro principio que el de ahora, 
ni más juventud o vejez que las de ahora, 
Y nunca habrá otra perfección que la de ahora, 
Ni más cielo o infierno que éstos de ahora. 

Instinto, instinto, instinto. 
Siempre el instinto procreando el mundo. 

Surgen de la sombra los iguales, opuestos y complementarios, siempre sustancia y crecimiento, siempre sexo, 
Siempre una red de identidades, siempre distinciones, siempre la vida fecundada. 
De nada vale trabajar con primor; cultos e ignorantes lo saben. 

Seguro como lo más seguro, enclavado con plomo en las columnas, abrazado al poste firme, 
Fuerte como un caballo, afectuoso, soberbio, ecléctico, 
Yo y este misterio aquí estamos frente a frente. 

Limpia y tierna es mi alma, y limpio y tierno es todo lo que no es mi alma, 

Si falta uno de los dos, ambos faltan, y lo visible es prueba de lo invisible, 
Hasta que se vuelva invisible y haya de ser probado a su vez. 

Cada época ha humillado a las otras enseñando lo mejor y desechando lo peor, 
Y yo, como conozco la perfecta justeza y la eterna constancia de las cosas, 
No discuto, me callo, y me voy a bañarme para admirar mi cuerpo. 

Hermoso es cada uno de mis órganos y de mis atributos, y los de todo hombre bello y sano, 
Ni una pulgada de mi cuerpo es despreciable, y ni una debe ser menos conocida que las otras. 

Me siento satisfecho: miro, bailo, río, canto; 
Cuando mi amante compañero de lecho, que ha dormido abrazado a mí toda la noche, se va con paso quedo al despuntar el alba, 
Dejándome cestas cubiertas con lienzos blancos que llenan con su abundancia mi casa, 
Yo las acepto con naturalidad, 
¿pues habría de tasarlas hasta el último céntimo para conocer exactamente el valor de su regalo? 
***
Movimientos elementales

4.
Bajad, aguas del océano de la vida,
Ya volveréis en la pleamar,
No ceses en tus gemidos, vieja madre cruel,
Llora sin término por tus hijos abandonados
Pero no temas, no me niegues,
No susurres con voz tan ronca y colérica contra mí
Cuando te toco o me aparto de ti.

Os amo tiernamente a ti y a todos,
Hago provisión para mí y para esta sombra que nos mira
Y nos sigue a mí y a lo que me pertenece.
Yo y lo mío, hileras de hierba, pequeños cadáveres,
Espuma blanca como la nieve, burbujas.
Ved cómo de mis labios muertos mana el fango al fin
Ved cómo los colores del prisma relucen y se agitan
Manojos de paja, arenas, fragmentos
Puestos a flote por muchos humores contradictorios
Por la tempestad, la calma, las tinieblas
Las olas embravecidas, pensativos, un hálito, una lágrima salobre
Una salpicadura de agua o fango
Arrojados igualmente desde las fermentaciones insondables del abismo
Uno o dos capullos marchitos, desgarrados igualmente
Flotando sobre las olas a la deriva
Igualmente para nosotros aquella endecha sollozante de la Naturaleza
Nos acompaña el clangor de las trompetas en las nubes
Nosotros, caprichosos, traídos aquí no sabemos de dónde
Tendidos ante ti, tú allí arriba, caminas o te sientas
Quienquiera que seas, también nosotros yacemos náufragos a tus pies.

Versiones s/d
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char