viernes, 18 de marzo de 2016

Es en tu silencio que me escucho

ALIDA AIRAGHI

(Verona, Italia, 1953)

Se quedan inmóviles.
Sin embargo sufren
el peso de las miradas,
la avidez de los gestos.
Debemos estar atentos
y tocarlos, a los objetos,
pacientemente: rozarlos
sin ansiedad.
Están presentes en sus
vidas silenciosas, y una,
sobre todas,
es el alma de las cosas.

De Nuovi poeti italiani, a cura di Giovanna Rosadini, Einaudi, Turín, 2012
Versión de Jorge Aulicino
**

¿Dónde estaremos, querido, dónde estaremos
cuando no estemos
ya?
En algún pensamiento que creemos
de nosotros, en una caricia suspendida
a media mano:
y en esta espera
de un después, de un diferente lejano.
***

Es en tu silencio que me escucho,
en tu recogido acallar; voz de entonces
recompuesta de memoria. Es en tu no estar
que yo estoy; desahogo mis minutos,
los meses, y rezo que tú estés – aún,
y todavía- en algún lugar, que sepas
mencionar mi nombre, que repitas a quién sabe quién
nuestra historia, y quién sabe cómo.

De Un diverso lontano, 2003.
Traducción de F.C.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char