miércoles, 6 de julio de 2016

Sus rodillas quietas

José Ioskyn
(La Plata, Argentina, 1962)

Sepulcro de la Orestíada. Husillos. Palencia

Lágrimas

Ha venido Sabiniano
tu esclavo liberto
a quien tanto has amado.
Se ha aferrado a mis pies
como si fueran los tuyos.
Permaneció en silencio por horas
no podía irse
sus rodillas quietas
me han enternecido.

Recíbelo.
Piensa que más se debe perdonar
cuanta mayor razón se tiene.

Ni siquiera te pido
que lo disculpes
tan solo que lo dejes
suplicarte
y sientas sus lágrimas
ellas, por sí solas
harán el resto.
***
El grito

Mi vida es simple
me acuesto al sol
entre las espigas
mi padre hace la siega
con el filo de la
guadaña.
Cuando llueve
comemos torta de trigo
y bebemos
el mosto.

Una legión de
soldados del César
me ha arrancado
de casa
como una espiga
que no quiere salir
de la tierra.
Meses más tarde
me han abandonado
cerca de un río
helado
ahora en las noches
camino sola
he perdido el habla
mi voz ha quedado
dentro de mi cuerpo
y mi grito
no puede salir
aunque destroza
mis oídos.

Acerca de un imperio. Del Dock, en "La verdad se mueve", 2016.

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char