martes, 1 de noviembre de 2016

Éramos pescadores, ¿o no?

Allen Tate
(Winchester, EE.UU., 1899-Nashville, EE.UU., 1979)

El mapa de la trucha

El Área de Administración del Bosque
Nacional de Cherokee, interesada en la pesca,
ha cartografiado los ríos Tellico y Bald
y el North, con sus tributarios
Brookshire Branch y Sugar Cove Creek:
un mapa íctico para pesca fácil.

En el buen océano de Marvel: dibujado en dos
colores, azul y rojo; azul para el matiz
europeo (el agua del Tennesee es verde),
y líneas rojas junto a las corrientes azules para advertir
al pescador antojadizo de la presencia de peces protegidos;
bordes negros contienen el Área en una fuente quebrada,

mientras otros negros, lunares y rayas, conducen
al albedrío del pescador a través del clásico laurel
sobre las huellas del jabalí hasta las bateas color crema
bajo la cascada del Bald, que aporrea a la tímida
trucha: evitamos el Profesor, los Señuelos y los Gusanos.
(Tom Bagley y yo éramos albedríos con rayas y lunares.)

Durante una confiada hora de victoria
subimos al paso de Green Cove desde la cabaña del Predicador Millsap,
doblamos hacia el oeste por un sendero que nos llevó
al río Bald donde mapa y realidad se fundían
en identidad visible. Ocho truchas es el cuento,
en tres millas. Llegamos a un puente de piedra

por el cual el camino pasaba a la izquierda de una colina,
el río a la derecha, se derramaba en un remanso;
pero el mapa dibujaba el camino a lo largo de la corriente
y nosotros entimema ultrapescador del hombre dibujado
con pies pegajosos sobre el amor comprensivo
de lo que no ven los ojos, que alimenta la voluntad
éramos pescadores, ¿o no? Y tratamos de pescar
la seca cartografía del vientre ensorbecido,
lo que hizo reclinar y reír al gobierno pez.
(Tommy y yo escuchamos, los oímos sacudir
montaña y remanso porque el mapa era un fraude.)
Tras dieciocho millas nuestros pies eran de payaso,

entonces la oscuridad nos llevó por silbantes desfiladeros
donde el rudo Magallanes bromeando con sus destinos
corrió con las gaviotas para trazar el mapa del Cabo,
o dondequiera que la mente con limpio escarnio
vuelve a visitar el mundo montada en seco rayo solar.
Ahora sin mapa las montañas eran un sueño.


De Allen Tate Poemas selectos 1919-1976, Editorial Fraterna SA., 1981.
Versión de César Aira.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char