domingo, 19 de febrero de 2017

Los poemas están hechos por bufones como nosotros

Joyce Kilmer 
(New Brunswick, New Jersey, EE.UU., 1886-I Guerra Mundial, cerca del pueblo de Seringes-et-Nesles, Francia, 1918)

Árboles
(Dos versiones)

Creo que nunca veré
un poema tan hermoso como un árbol.
Un poema cuya boca hambrienta esté pegada
al dulce seno fluyente de la tierra;
un árbol que mira a Dios todo el día.
Y alza sus brazos frondosos para rezar.

Un árbol que en verano podría llevar
un nido de petirrojos en sus cabellos;
en cuyo pecho se ha recostado la nieve;
quien vive íntimamente con la lluvia.

Los poemas están hechos por bufones como nosotros.
Pero solo Dios puede hacer un árbol.

Versión de Alexander Best
**

Nunca veré un poema
tan bello como un árbol.

Al seno de la tierra
hambrienta boca opresa;

elevados sus brazos
en oración a Dios;

en verano, las aves
anidan en su pelo;

reposa en él la nieve;
convive con la lluvia.

Locos, hacemos versos:
sólo Dios hace un árbol.

De 101 poemas. Antología bilingüe de la poesía norteamericana moderna. Compilador/Editor: Salvador Novo. Editorial Letras, México, 1965.
*
Trees
I think that I shall never see 
A poem lovely as a tree. 

A tree whose hungry mouth is prest 
Against the earth’s sweet flowing breast; 

A tree that looks at God all day, 
And lifts her leafy arms to pray; 

A tree that may in Summer wear 
A nest of robins in her hair; 

Upon whose bosom snow has lain; 
Who intimately lives with rain. 

Poems are made by fools like me, 
But only God can make a tree.
***
LOCURA
(Madness)
(Para Sara Teasdale)

La granja solitaria, la calle llena de gente,
El palacio y el barrio,
Le dan bienvenida a mis pies silenciosos
Cuando, con regalos, vengo.

Anoche un mendigo se agachó solo,
Una criatura desamparada, andrajoso;
Lo puse en un trono de rayo de luna -
Hoy él es un rey.

Anoche un rey con un lucero y una corona
Recibió a la corte con espléndida alegría;
Hoy él rasga su vestido púrpura
Y gime y grita de miedo.

Ni barrotes de hierro, ni lanzas centelleantes,
Ni la tierra, ni el cielo, ni la mar,
Tampoco la artillería de lágrimas de amor
Puede conseguir, extraer o tener algo de mí.

Sereno, inmutable, siempre justo,
Sonrío con regocijo secreto
Y en una red tener mi cabello
Golpeo la tierra cautiva.

Versión de J. Diego Amoroz E.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char