viernes, 2 de octubre de 2015

Para justificar la desesperación

EMILY DICKINSON

(Amherst, Massachusetts, EE.UU., 1830 - 1886)

No era la Muerte, pues yo estaba de pie...

No era la Muerte, pues yo estaba de pie
Y todos los muertos están acostados,
No era de noche, pues todas las campanas
Agitaban sus badajos a mediodía.

No había helada, pues en mi piel
Sentí sirocos reptar,
Ni había fuego, pues mis pies de mármol
Podían helar un santuario.

Y, sin embargo, se parecían a todas
Las figuras que yo había visto
Ordenadas para un entierro
Que rememoraba como el mío.

Como si mi vida fuera recortada
Y calzada en un marco
Y no pudiera respirar sin una llave
Y era como si fuera medianoche

Cuando todo lo que late se detiene
Y el espacio mira a su alrededor
La espeluznante helada, primer otoño que llora,
Repele la apaleada tierra.

Pero todo como el caos,
Interminable, insolente,
Sin esperanza, sin mástil
Ni siquiera un informe de la tierra
Para justificar la desesperación.
***
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Derrumbarse no es Acto de un instante
Sino pausa fundamental
Los procesos de Dilapidación
Son Desmoronamientos organizados.

Aparece primero una telaraña en el Alma
Una Cutícula de Polvo
Una Carcoma en el Eje
Un Moho Elemental—

La ruina es ceremoniosa—obra del Diablo
Persistente y pausada—
Sucumbir en un instante—no es
Un resbalón—es la ley de la Quiebra.

(Traducción: Amalia Rodríguez Monroy)

Crumbling is not an instant’s Act
A fundamental pause
Dilapidation’s processes
Are organized Decays.

‛Tis first a cobweb in the Soul
A Cuticule of Dust
A Borer in the Axis
An Elemental Rust—

Ruin is formal—Devil’s work
Consecutive and slow—
Fail in an instant—no man did
Slipping—is a Crash’s law.
**
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Un Pájaro se acercó por el Sendero—
No sabía que yo le estaba viendo—
Partió en dos una Lombriz
Y se comió a la pobre, cruda,

Bebió luego el Rocío
De una Hierba cercana—
Saltó de lado hasta la Tapia
Para ceder el paso a un Escarabajo—

Miró con ojos raudos
Todo a su alrededor—
Parecían las Cuentas asustadas de un collar, pensé—
Agitó el Terciopelo de su Cabeza

Como quien siente el peligro, Cauto,
Le ofrecí unas Miguitas
Y él hinchó su plumaje
Para que le llevara a casa más ligero—

Que los Remos al dividir las Aguas,
Demasiado plateadas para llevar costura—
O que las Mariposas, cuando desde la Orilla del Mediodía
Saltan, y nadan sin salpicadura.

(Traducción: Amalia Rodríguez Monroy)

A Bird came down the Walk—
He did not know I saw—
He bit an Angleworm in halves
And ate the fellow, raw,

And then he drank a Dew
From a convenient Grass—
And then hopped sidewise to the Wall
To let a Beetle pass—

He glanced with rapid eyes
That hurried all around—
They looked like frightened Beads, I thought—
He stirred his Velvet Head

Like one in danger, Cautious,
I offered him a Crumb
And he unrolled his feathers
And rowed him softer home—

Than Oars divide the Ocean,
Too silver for a seam—
Or Butterflies, off Banks of Noon
Leap, plashless as they swim.
**
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Los Poetas encienden lámparas nada más—
Ellos, por su parte—se extinguen—
Las Mechas que ellos encienden—
Siendo una Luz vital

Son inherentes  como son los Soles—
Cada Época una Lente
Que disemina su
Circunferencia—

(Traducción: Amalia Rodríguez Monroy)

The Poets light but Lamps—
Themselves –go out—
The Wicks they stimulate—
If vital Light

Inhere as do the Suns—
Each Age a Lens
Disseminating their
Circumference—                
***
Para T.W. Higginson                                                      5 de abril de 1862        
                            

Mr. Higginson,
         Su amabilidad demandaba un más pronto agradecimiento- pero estuve enferma- y hoy escribo, desde mi almohada.
         Gracias por la cirugía- no fue tan dolorosa como yo pensaba. Le traigo otros- como Usted pide - aunque es posible que no sean diferentes-
         Mientras mi pensamiento está desnudo- puedo hacer la diferenciación, pero cuando les pongo vestimenta- ellos se vuelven parecidos, y torpes.
         ¿Usted preguntó mi edad? No he escrito versos- sino uno o dos- hasta este invierno- Señor-
         Tuve un terror –desde septiembre- que no podría contar a nadie- y por eso canto, como hace el Niño cerca del Cementerio- porque tengo miedo- Usted pregunta cuáles son mis Libros- Por Poetas- tengo a Keats- y Mr. y Mrs. Browning. Por Prosa- Mr. Ruskin- Sir Thomas Browne- y las Revelaciones. Fui a la escuela- pero en Su manera de decirlo- no tuve educación. Cuando Muchacha, tuve un amigo que me enseñó la Inmortalidad- pero habiéndose él mismo aventurado demasiado cerca- nunca regresó- Pronto después, mi Tutor, murió- y por muchos años, mi Léxico- fue mi único compañero –Luego encontré otro más- pero no estaba contento de que yo fuera su discípula- así que dejó el País.
         Usted pregunta por mis compañeros, Las Colinas- Señor- y el Atardecer - y un Perro- tan grande como yo, que mi Padre compró para mí- Ellos son mejores que los Hombres- porque saben- pero no dicen- y el ruido en el Estanque, al Mediodía- supera mi Piano. Tengo un Hermano y una Hermana- A mi Madre no le interesa el pensamiento- y mi Padre está demasiado ocupado con sus Legajos- para darse cuenta de lo que hacemos- Él  me compra muchos Libros-pero me pide que no los lea –porque teme que me sacudan la Mente. Todos son religiosos –excepto yo -y se dirigen a un Eclipse, cada mañana- a quien llaman su “Padre”. Pero temo que mi historia lo fatigue –Me gustaría aprender- ¿Pudiera Usted decirme cómo crecer- o eso no es transferible- como la Melodía- o la Brujería?
         Usted habla de Mr. Whitman- nunca leí su Libro- pero se me dijo que era un ser desafortunado-
         Leí “Circunstancia” de Miss Prescott, pero me perseguía, en la Obscuridad- así que la evité-
         Dos Directores de Diarios vinieron a la Casa de mi Padre, este invierno- y preguntaron por mi Pensamiento –y cuando les pregunté “Por qué”, dijeron que yo era mezquina- Y que ellos lo usarían para el Mundo-
         No podría decir mi peso -por mí Misma-
         Mi tamaño me pareció pequeño –leí sus Capítulos en el Atlantic- y probé admiración por Usted- Estaba segura de que no rechazarían una demanda hecha confiando en Usted- ¿Es esto- Señor- lo que usted pedía que Le dijera?
                                                                                    Su amiga,
                                                                           E- Dickinson.       

[En tinta- El sobre dirigido a: T.W. Higginson. / Worcester. /  Mass. / Sello de la Oficina de Correo: Amherst. Ms Abril 26 1862.
         En su artículo del Atlantic Monthly Higginson, al presentar esta carta, dice que los poemas que la acompañaban fueron dos: “Tus riquezas me enseñaron la pobreza” (299) y “Un pájaro bajó por el sendero” (328). Pero después del estudio de los pliegues en las cartas y los poemas, las evidencias indican que Higginson estaba en un error. Parece que los poemas incluidos fueron: “Llegó un día en la plenitud del Verano” (322), “De Todos los Sonidos despachados por Doquier” (321) y “Los Vientos de Sur los empujan” (86). El escrito “Circunstancia” de Harriet Prescott Spofford fue publicado en Atlantic Monthly en mayo de 1860. La “Carta a un Joven Colaborador” escrita por Higginson cita a Ruskin y menciona a Sir Thomas Browne por el vigor del estilo. El comentario incluido en el artículo sobre “qué deliciosa y prolongada perplejidad es cantar e idear un decente atuendo de palabras…” puede dar razón a la frase de E.D. “Mientras mi pensamiento está desnudo”. Se ha pensado que el amigo que le enseñó la “Inmortalidad” era Benjamin Franklin Newton. Los dos directores recientemente le habían preguntado por su opinión, pueden haber sido Bowles y Holland.
         Aunque E.D. se refiere con frecuencias a los Browning, no vuelve a mencionar a Ruskin y sólo menciona a Keats dos veces (Cartas No. 1018 y 1034).]

Tomado de “Emily Dickinson, los sótanos del alma”. Tomo II. sus cartas. Editorial “El otro el mismo”. Universidad de los Andes. Mérida. Venezuela.

Extraído de elizabeth-emilydickinson.blogspot.com.ar
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char