viernes, 27 de noviembre de 2015

Tú has saludado con una débil seña y una sonrisa cómplice

ATTILIO BERTOLUCCI
(Italia, 1911-2000)

LA ROSA BLANCA

Cortaré para ti
la última rosa del jardín,
la rosa blanca que florece
en las primeras nieblas.
Las voraces abejas la han visitado
hasta ayer,
pero es todavía tan dulce
que nos hace temblar.
Es un retrato tuyo a los 30 años,
un poco desmemoriada, como tú serás entonces.
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LA ROSA BIANCA

Coglierò per te
l'ultima rosa del giardino,
la rosa bianca che fiorisce
nelle prime nebbie.
Le avide api l'hanno visitata
sino a ieri,
ma è ancora così dolce
che fa tremare.
E' un ritratto di te a trent'anni,
un po' smemorata, come tu sarai allora.

Traducción: Juan L. Salvi
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 Bernardo a los cinco años

El dolor está en tu ojo tímido
en la mano infantil que saluda sin gracia,
el dolor de los días que vendrán
ya pesa sobre tu esqueleto frágil.

En un día de otoño que deslíe
quieto sus hilos de niebla al sol
el juego se ha acabado inesperadamente,
te ha dejado solo donde el camino acaba.

Espléndida por tantas hojas la tierra
en una noche, en que todo cuanto aquí
ha venido en un pensamiento hasta la mente
de la estación que se acerca rápida.

Tú has saludado con una débil seña
y una sonrisa cómplice, te has quedado
sombra en la sombra un instante, ahora corres
a refugiarte en nuestras ansias.

Attilio Bertolucci. De In un tempo incerto, en Poeti italiani del Noveccento, Pier Vincenzo Mengaldo, Mondadori, Milán, 1978.
Traducción del italiano, Mario Bojórquez.

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char