viernes, 14 de octubre de 2016

El pesado pacto que nos une a la vida

Birago Diop
(Ouacam, Senegal,  1906- Dakar, id., 1990) 

Tomada de www.pangea.es

El soplo de los ancestros


Escucha más a menudo
a las cosas que a los seres,
La voz del fuego se escucha,
escucha la voz del agua,
Escucha en el viento
al zarzal sollozando:
Es el soplo de los ancestros.

El reitera cada día el pacto,
el gran pacto que une,
que une a la ley nuestra suerte;
A los actos de los soplos más fuertes
la suerte de nuestros muertos que no están muertos;
El pesado pacto que nos une a la vida,
la pesada ley que nos une a los actos
de los soplos que se mueren.
***
Díptico 

El sol colgado de un hilo
en el fondo de la calabaza
teñida de índigo,
hace hervir la olla del día.
Asustada por la proximidad
de las Hijas del Fuego
la sombra se esconde
al pie de las estacas.
La sabana es clara y cruda,
todo es terso, formas y colores.
Pero en los silencios angustiosos
hechos rumores,
de ruidos ínfimos,
ni sordos ni agudos,
surge un misterio denso,
un misterio sordo y sin contornos
que nos rodea y nos asusta.
El taparrabo oscuro
claveteado con clavos de fuego
tendido sobre la tierra
cubre el lecho de la noche.
El perro aúlla, el caballo relincha,
el hombre se echa en el fondo de su choza.
La sabana es sombría,
todo es negro, formas y colores.
Pero en los silencios angustiosos
hechos rumores
los senderos intrincados del misterio
se aclaran lentamente
para los que se fueron
y para los que han vuelto.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char