sábado, 12 de noviembre de 2016

Dios es una política

Jorge Aulicino 
(Buenos Aires, Argentina, 1949)





Dios es una política.
Los pájaros hacen ruido cerca de la ventana,
vuelan sobre el cemento que clarea.
No das imagen a esos sonidos, pero sabés
allá fuera
en alguna parte los techos se confunden,
no se sabe dónde empieza o termina la propiedad,
y los pájaros cotorrean, chistan, arrullan, caminan sobre vigas
y cornisas, vuelan sobre el cemento que clarea.
La cara pálida de sueño, débil de deseo,
que asomara ahora a una terraza fresca
sería la cara de un dios.
**
[Una pipa africana]

Oscura pero tórrida,
sin dejo de la luz meridiana,
hecha de un material llamado meerschaum
que significa espuma de mar,
pero extraído lejos de la costa
a golpe de pico, y ahora negro y marrón;
trabajo humano condensado:
a la vez industria y lejanía,
labrada luego por artesanos que dibujaran ciempiés,
hojas de banano o helechos
en un sueño oscuro poblado de retumbes.

Una que es como se muestra:
objeto y apariencia.
**

Y aun eso: "respiramos y dejamos de respirar"
no es sino una admirable mezquita
o una base antártica del futuro con todos
sus ventanales encendidos;
pues las palabras son esa heroica construcción;
pues aun para decir que somos solo carne de venado
necesitamos palabras,
necesitás palabras para renunciar a lo vivo,
para internarte en el hielo,
para no ser, igualmente, necesitás palabras.

Para decir el aura de las palabras
que nos engrandece de nosotros mismos
necesitamos palabras.

Y es cierto que podríamos quedarnos con el aura
sin intentar decir. Cerrar el postigo,
dormir esta noche.


De Mar de Chukotka, inédito.
Imagen tomada del blog de Griselda García.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char