viernes, 11 de noviembre de 2016

Los cuerpos como mapas políticos

Jimena Arnolfi
Tomada de Facebook

(Buenos Aires, Argentina, 1986. Actualmente reside en Entre Ríos, Argentina)

La boca del lobo

No es que quiera conseguir algo
pero necesito salir
de donde estoy.
Llamo, busco al tanteo
tengo el cuerpo dormido
pero la voz habla.
Espero con fe
delante de la puerta cerrada.
Abro la heladera con fe
me visto con fe
bailo cumbia con fe.
No pasa nada
cuando hago las cosas con fe
pero voy a insistir.
***
El servicio meteorológico anuncia temblores

Recuerdo la casa entre seis calles
donde dormimos vestidos.
En el oeste llueve antes
porque es la zona del tiempo
antes del tiempo. No sé si la memoria
quiere pensar en el uso de las cosas
como cuando hablás de las bondades
del masajeador de alambre
comprado en el tren a 10 pesos.
-Repaso el recorrido de la caricia
entrar con los dedos
subir desde el cuello hasta la nuca-.
Los cuerpos como mapas políticos
líneas punteadas que separan un país de otro
y así estamos.
***
Hibernación

En tiempos de autopromoción constante
lo mejor es esconderse
hibernar como un animal
de sangre caliente
entrar en un sueño profundo
que el latido sea más lento
que la temperatura descienda
ahorrar energías
usar las reservas almacenadas
de los meses más cálidos
mutar en una refugiada,
invencible.
**
Perdí por un numerito

Deja su cuerpo cansado
sobre el mostrador de la lotería
acerca su cara
dicta los números en voz baja
apenas empaña el vidrio
que lo separa de lo sobrenatural.

Casi siempre sale todo mal
pero la ínfima posibilidad
de acertar una sola vez
lo mantiene en movimiento.

Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char