miércoles, 9 de noviembre de 2016

El duro zumbido de los fuegos de Orc




Cuando oí al docto astrónomo. WALT WHITMAN

Cuando oí al docto astrónomo;
cuando tuve ante mí las pruebas y los números dispuestos en columnas;
cuando me presentaron los cuadros y diagramas para que los sumara, dividiera y midiera;
cuando, desde mi asiento, oí al astrónomo dictar su conferencia y suscitar aplausos en el aula,
me harté de pronto, inexplicablemente;
y luego de pararme y de salir, me fui a deambular solo,
en el húmedo aire místico de la noche; y así, de tanto en tanto,
contemplaba en perfecto silencio las estrellas.
***
Replicante. JAVIER ADÚRIZ

We talk about memories
Blade Runner

Cuántos saltos y saltos
sin poner una coma
subir por escaleras
mientras hubo ascensor

reconocer por fotos
desayunar con chinos
hasta encontrar un dios
aquí aunque no existe.

Y este llanto continuo
de lluvia torrencial
faltando poco o nada

tu recuerdo en el aire
con el duro zumbido
de los fuegos de Orc.
**
Lo luminoso que se ve de noche. LAURA WITTNER
   
     En las épocas míticas salía sola de noche:
     salía al patiecito y pisando la maceta
     trepaba hasta la medianera y me sentaba
     a interrogar los cielos desde lo más profundo
     del corazón de Villa Crespo. Porque si antes
     las estrellas señalaban el camino en el mar
     tal vez ahora esta galaxia de neones,
     resplandores de hielo, ventanucos de baño,
     rayos móviles provenientes de ferias,
     la cautivante sincronización
     de las luces de pasillos de edificios
     pudiera sugerirnos variar unos centímetros
     el recorrido, a ver dónde llegamos.
   
     Un helicóptero en un cielo negro
     es su luz blanca y su sonido jadeante.
**
Misterio. JORGE LEÓNIDAS ESCUDERO

Se me cruzó en la vereda un desconocido.
¡Eh! dijo, ¿no te acordás de mí?
trabajamos juntos en las minas de Hualilán.

Por decir algo dije es que
casi no te había conocido debido a
que ando corto de vista pero sí,
allá estuvimos juntos.

Entonces me tendió la mano y en apretón
sin largarme continuó: Así es hermano,
el tiempo pasa pero queda la amistá
cuando se juntan dos que han estao en lo mesmo.

¿Y vos qué hacés ahora? continuó.
Yo no hago más qu' estar jubilao, contesté.
Y para ser franco, perdoname,
nunca estuve en las minas de Hualilán,
me has confundido. Claro
que me hubiera gustado
estar en ese trabajo duro. Y bueno,
estuve en otra, pero sería lindo
haber sido compañero tuyo.

El hombre me soltó la mano, hizo
un gesto indefinido y agarró la calle
rumbo al olvido. Yo
me quedé a pensar vaya a saber en qué
dimensión me conoció éste
y hoy su memoria saltó el cerco del tiempo.
¿Quién dice que no me haya conocido
en otra vida?

De la Antología de poesía y ciencia ficción, compilada por Patricio Foglia y Marcelo Díaz, Los fuegos de Orc. Mágicas Naranjas, 2016.
Somos parecidos a esos sapos que en la austera noche de los pantanos se llaman sin verse, doblegando con su grito de amor toda la fatalidad del universo.
René Char


No haría falta amar a los hombres para darles una ayuda real. Sólo desear hacer mejor cierta expresión de su mirada cuando se detiene en algo más empobrecido que ellos, prolongar en un segundo cierto minuto agradable de su vida. A partir de esta diligencia y cada raíz tratada, su respiración se haría más serena. Sobre todo, no suprimirles por entero esos senderos penosos, a cuyo esfuerzo sucede la evidencia de la verdad a través de los llantos y los frutos.
René Char